sábado, 29 de enero de 2011

Tantos sentimientos...

Era joven, seguramente tenía novio y multitud de planes para el verano e incluso, posiblemente, para los siguientes 10 años... seguramente tenía pensado salir este fin de semana y ponerse esos tacones que tanto le gustaban...

Era joven y se ha marchado para siempre...
20 años no son muchos, pero son los suficientes para dejar aquí abajo muchos sentimientos.
Sus padres mirarán tristemente su dormitorio, ese nido en el que se recogía cuando necesitaba huir de todo... el aroma del perfume que utilizaba y que se puso antes de salir, la ropa que dejaba en la silla y que su madre le pedía insistentemente que recogiera, algún diario con anécdotas y emociones insuperables, la ropa que más le gustaba colocada en primer lugar en su armario, apuntes y libros recogidos en la estantería, los coleteros y las pinzas con los que se recogía el pelo guardados en su cajita, los peluches siempre colocados que le recordaban su infancia, diversas cuentas en redes sociales a las que quizás nadie pueda volver a acceder...

En su habitación hay tantos sentimientos...

Ya no se escucharán sus pasos de madrugada al volver de fiesta, ya no se escuchará su voz cantar bajo la ducha, ya no se oirá la música siempre demasiado alta que sonaba en su cuarto, ya no se adivinarán las conversaciones con amigas a través del teléfono...

Era joven y se ha marchado... y ahora... quedan tantos sentimientos.

viernes, 28 de enero de 2011

¿Qué puedo decir?

Parece mentira... los bosquimanos pueden tener por fin acceso al agua... pero, ¿qué puedo decir? parece mentira, quiero decir... ¿no se supone que a día de hoy todo el mundo tendría que poder acceder a ella? ¡Es increíble! Pero soy un poco más feliz por eso... ¡puse mi granito de arena mandando una carta al Gobierno sudafricano! ^^

sábado, 8 de enero de 2011

Alzheimer

Queridos lectores, dado que últimamente me encuentro ante mi escritorio estudiando apuntes de Enfermería Geriátrica, he vuelto a recordar (curiosamente) lo que supone el Alzheimer en la vida de una persona, pero también en su familia.

Hace un año aproximadamente asistí a unas jornadas sobre el Alzheimer que me ayudaron a comprender de forma sencilla lo que supone ser familiar de una persona que padece esta enfermedad; una vez más creo que sólo las personas que se encuentran en esta situación pueden aportar algo.

Estas jornadas me permitieron reflexionar un poco más todo esto... sin embargo, me gusta pensar que en todo hay alegría y esperanza, de manera que si se diagnostica el Alzheimer de forma precoz sé que el avance de la enfermedad no es tan radical, además de que existen multitud de ayudas y programas que se adaptan a personas con esta patología. Las formas en que se puede ayudar a pacientes y familiares con Alzheimer desde la Enfermería son muy amplias.

Hace no mucho leí un libro estupendo (para mi gusto) "Las cosas que no nos dijimos" de Marc Levy... curiosamente hay un fragmento del libro, concretamente una carta donde una persona con Alzheimer descubre recuerdos, emociones y sentimientos que aunque no le permiten recuperar la memoria si que le dejan extraer conclusiones sobre las personas que la rodean.

Os dejo con el fragmento, que espero, os emocione bastante:

Julia:

Entras en esta habitación, tu silueta se recorta en este rayo de luz que inventa la puerta que entronas. Oigo avanzar tus pasos hacia mí. Conozco bien los rasgos de tu rostro, a veces busco tu nombre, conozco tu olor familiar, puesto que me sienta bien. Sólo esa fragancia especial me aleja de esta inquietud que me atenaza desde hace tan largos días. Debes de ser esa muchacha que viene a menudo al caer la tarde, entonces la noche debe de estar cerca puesto que avanzas hasta mi cama. Tus palabras son dulces, más tranquilas que las del hombre del mediodía. A él también lo creo cuando dice que me ama, puesto que parece querer que esté bien. Sus gestos son los que son dulces; a veces se levanta y va hacia la otra luz que domina los árboles al otro lado de la ventana; a veces apoya la cabeza en ella y llora por una pena que yo no entiendo. Me llama por un nombre que tampoco conozco pero que vuelvo a hacer mío a cada instante, sólo para complacerlo. Tengo que confesarte que cuando le sonrío, al llamarme por ese nombre lo noto como más despreocupado. Entonces le sonrío también para agradecerle el haberme alimentado.

Te has sentado junto a mí, en el borde de la cama. Sigo con la mirada los dedos finos de tu mano, que acarician mi frente. Ya no tengo miedo. No dejas de llamarme, y leo en tus ojos que tú también quieres que te dé un nombre. Pero en tus ojos ya no hay tristeza, por eso me gusta tu visita. Cierro los míos cuando tu muñeca pasa por encima de mi nariz. Tu piel huele a mi infancia, ¿o era la tuya? Eres mi hija, amor mío, ahora lo sé, y durante algunos segundos más todavía. Tantas cosas que decirte y tan poco tiempo. Quisiera que rieras, mi vida, que corras a decirle a tu padre, que va a esconderse a la ventana para llorar, que no llore más, que lo reconozco a veces, dile que se quién es, dile que recuerdo como nos hemos amado puesto que lo amo de nuevo cada vez que viene a verme.

Buenas noches, mi amor, aquí duermo, y espero.

Tu madre.